Abejas como bioindicadores ambientales

Actualmente una problemática relevante para la sociedad es la pérdida de biodiversidad por efecto de las actividades humanas. La cual ha resultado en una mayor atención al estudio de la diversidad biológica, de los efectos de las actividades humanas sobre ésta, en la búsqueda de predictores de su pérdida y alternativas para su conservación y manejo. Entre las herramientas disponibles se encuentra el uso de organismos como bioindicadores, para el estudio, monitoreo, y manejo de la diversidad, así como la generación de información útil para los tomadores de decisiones, señala un trabajo elaborado por Slingenber que nuestro medio presenta en versión periodística.

Evaluar a las abejas como potenciales indicadores resulta esencial, dada su importancia en el mantenimiento de las comunidades naturales y en el proceso de recuperación de áreas perturbadas, ya que intervienen en la reproducción de más del 50% de las plantas superiores al actuar como vectores de polen.

El término indicador se ha definido como una medida indirecta de algo, es decir, una variable asociada a lo que realmente se quiere medir, pero que por diferentes razones se dificulta o imposibilita su medición directa.

Desde hace décadas se ha utilizado este concepto en el estudio de sistemas ecológicos y específicamente en la medición del efecto de cambios naturales o inducidos en los ecosistemas y la posibilidad de detectarlos mediante métodos de medición indirectos.

Así, los grupos indicadores, representan una simplificación de la naturaleza y pueden servir para conocer el estado de la diversidad de un ecosistema o paisaje, y sus cambios en respuesta a las actividades humanas; incluyendo aquellas para su conservación y manejo.

Los grupos indicadores pueden ser empleados para:

1) Tener una medida de campo que permita examinar la riqueza total de especies en el paisaje.

2) Como un referente que permita comparar distintos sitios en diferentes momentos en el tiempo, con el fin de evaluar los efectos de las perturbaciones de origen antrópico y su efecto en los cambios en los ecosistemas.

Las abejas silvestres como grupo indicador

Los criterios que se toman en cuenta han sido discutidos en diferentes trabajos y varían entre autores. Sin embargo, hay siete criterios en los que coinciden la mayoría de los autores y son los siguientes:

– La taxonomía del grupo debe ser bien conocida y estable, de modo que las especies puedan ser identificadas de manera confiable.

– La biología y formas de vida deben ser bien conocidas.

– El grupo debe estar integrado por un gremio trófico rico, bien definido y debe ser importante en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas.

– Los organismos deben ser fácilmente capturables y de manipulación y observación sencilla; el estudio del grupo no debe poner en peligro su conservación.

– La distribución geográfica del grupo debe ser amplia y comprender diferentes hábitats, de modo que permita una amplia variedad de diseños experimentales y comparaciones.

– Las especies deben tender a especializarse en un hábitat particular, de modo que sean sensibles a la degradación y a la regeneración del hábitat.

– El grupo debe tener especies con importancia económica potencial.

Por lo expuesto se puede aseverar que es posible usar a las abejas silvestres como grupo indicador, ya que cumple con los criterios establecidos. Con los elementos aquí presentados se pretende alentar estudios sobre abejas en todos los aspectos, con lo cual se puede validar su uso como grupo indicador.

Es importante recalcar que es necesario considerar:

1) La participación o colaboración de taxónomos de abejas en los estudios;

2) Elegir correctamente la escala de estudio con su respectiva caracterización y subdivisión (teniendo en cuenta la delimitación del paisaje y sus unidades)

3) Establecer la metodología de muestreo acorde con el propósito del estudio, contemplando la estandarización de las muestras y la selección de los métodos de colecta, que permitan futuras comparaciones.

2 Comentarios están listos

  1. Para sacar conclusiones de un experimento hay que conocerlo por completo, caso contrario se debe acudir a la aceptación de la verdad por la autoridad que merezca el que la esgrime. Antaño, existían enormes huecos en los árboles, y las abejas proliferaban y se expandían, preservando a su especie. Que hoy sean pequeños es porque a los otros se los han volteado. El mismo comentario habla de abejas “fuertes” que rechazan a los virus, presentándolo como una evolución genética de este grupo, sin considerar que el otro pueda ser una involución asistida por mal manejo. Antiguamente decían que a las vacas gordas no le entran pestes. ¿No estaremos debilitando a las abejas con el sistema convencional de producción?
    Azúcar y más azúcar, nos debilita a nosotros y a ellas también. La inestabilidad económica que nos hace intuir voladura de techo nos produce mucho estrés y enfermedades psicosomáticas a nosotros y a ellas con los techos de sus casas que desaparecen sin necesidad de intuirlo, provocandoles mucho, pero mucho estrés y una actitud periódica de abandono de casa, comiendose toda la miel que pueden para salir a volar. Ellas no saben que se les volverá a colocar el techo. La cera estampada, que rechazan hasta sacarla de a pedazos o hacer su propio panal sobre ella. Pienso que debemos replantearnos todo, en todo, desprovistos de intereses espurios. locheralberto@gmail.com

  2. Me disculpen, el comentario que hice se refiere a otro artículo relacionado a la Varroa que vino de China.
    Respecto a esta nota, la considero excelente.
    En Misiones se ven caer muertas a las abejas cuando beben agua de arroyos contaminados en las zonas tabacaleras.
    La producción de tabaco está prohibida en los países centrales, nos queda a nosotros tener que soportar a los que fuman y a los que producen.
    Hablando con operarios de obrajes, me dicen que ya no quedan abejas en los montes, cuando encuentran un nido, difícilmente tengan 20 Kg de miel, antes, para comparar, eran 80.
    Los americanos nos cuentan en las películas que los vaqueros, para saber si el agua del arroyo era potable, se fijaban en los peces, y ese era el indicador práctico que utilizaban para evitar envenenamiento.
    Cordiales saludos. locheralberto@gmail.com