Cambios legislativos en cuanto a residuos en miel

 

En estos meses se dieron varios cambios legislativos que afectan a los residuos en miel dentro de la Comunidad Europea.
El comunicado oficial indica que desde hace tiempo, el sector apícola está demandando el establecimiento de límites máximos de residuo (LMR) de antibióticos en la miel que permitan un mercado con garantías tanto para los productores como para los compradores, y en consecuencia recientemente se aprobó el Reglamento de Ejecución (UE) 470/2018 que establece un procedimiento en cascada para determinar el LMR de un determinado compuesto en un alimento. De esta manera, en caso de que el medicamento en cuestión no esté expresamente legislado para un alimento, se puede aplicar el mínimo LMR que se le haya asignado a ese compuesto en otros productos (siempre buscando el tejido / animal más cercano). En el caso de la miel, las abejas están incluidas en este marco legislativo, por lo que habría que aplicar los mínimos LMR establecidos en el Reglamento (CE) 37/2010 para los compuestos autorizados.
Hasta ahora, al no haber legislación específica, no se permitía la presencia de ninguna cantidad de ningún medicamento veterinario (salvo el cumafós o amitraz, que estaban incluidos en el reglamento 37/2010), pero, a partir de la entrada en vigor del Reglamento 470/2018, sí sería legal la presencia de algunos compuestos siempre que esté autorizado su uso en Europa y que provenga de colmenas tratadas en la Unión Europea.
Esto plantea varios problemas; por un lado, no es de aplicación para mieles procedentes de países que no estén en la UE, ya que se limita a las colmenas tratadas en la UE con medicamentos autorizados aquí. Para estas mieles, sigue sin haber LMR establecido, por lo que no pueden tener ningún residuo de medicamento veterinario. Esto implica que, en caso de que apareciera un positivo en miel, habría que determinar su procedencia antes de aplicarle el LMR.
Por otro lado, salvo emergencia sanitaria documentada, en la mayoría de los países de la UE no está permitido el uso de antibióticos en las colmenas, por lo que tampoco debería encontrarse ningún residuo en mieles de estos países (como es el caso de España). Si apareciera algún positivo, el productor tendría que aportar documentación que justificara el tratamiento.
Estos dos aspectos no se pueden trazar desde el laboratorio con la recepción de una muestra para su análisis; es decir que no se puede conocer la procedencia exacta de la miel, las mezclas que lleva o si el productor tenía autorización para un tratamiento concreto.

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