¿Cincuenta años equivocados?

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Durante más de medio siglo , los investigadores han creído que los ácaros Varroa destructor se alimentaban de la hemolinfa (la sangre) de la abeja melífera, sin embargo esto podría ser una apreciación equivocada. Samuel Ramsey, candidato a doctorado en entomología por la Universidad de Maryland, realizó recientemente una investigación exhaustiva sobre los hábitos alimenticios y la nutrición del ácaro, la cual proporcionaría una sólida evidencia de que la creencia actual es incorrecta, y que en consecuencia los métodos que se manejan para el control del parásito no sólo son ineficaces, sino que además juegan un papel fundamental en lograr la resistencia a los tratamientos.

La investigación

La investigación de Ramsey establece que los ácaros Varroa se alimentan principalmente del tejido corporal graso de la abeja melífera, un órgano en los insectos que cumple una función similar al hígado humano. Dado que muchos de los tratamientos sistémicos existentes diseñados para combatir el parásito se formularon suponiendo que los ácaros se alimentaban de la hemolinfa, este descubrimiento explica por qué estos nunca tuvieron un éxito definitivo como medida de control. Esta exposición frecuente también puede contribuir a la futura resistencia a los tratamientos, ya que los ácaros no ingieren suficiente fármacos como para matarlos y en consecuencia la Varroa se vuelve inmune a ellos. Este trabajo también explica por qué las abejas sufren tantas consecuencias negativas de un parásito que en principio se creía que solo consumía una pequeña cantidad de su sangre. El descubrimiento de Ramsey permitiría a los investigadores desarrollar técnicas de control más específicas que podrían ayudar a restaurar las poblaciones de abejas melíferas en todo el mundo.

Abejas como vector de resistencia a los antibióticos

La mayoría de las patologías apícolas tienen carácter endé- mico, o sea, los agentes causantes de las enfermedades se encuentran en el territorio constantemente en forma latente o subclínica (fase de una enfermedad que no da síntomas clínicos). Existen varios factores que no permiten la erradicación de las enfermedades y uno de los problemas principales es el uso irresponsable e ilícito de antibióticos en apicultura.Los antibióticos son sustancias que inhiben el desarrollo y la reproducción de bacterias a través de varios mecanismos, pero ningún antibiótico es capaz de eliminar las esporas bacterianas (etapa inactiva y resistente de algunos tipos de bacterias como el Penibacillus larvae, agente de la Loque americana), esto significa que las empresas apícolas que basan el control de enfermedades de origen bacteriana a través del uso de antibióticos se podrían enfrentar a la persistencia en el apiario de la bacteria en su forma esporulada (sin dar síntomas) hasta que no desaparezca la cobertura antibiótica; además la regresión de los síntomas favorece la propagación de las peores características genéticas de la población, porque no permite eliminar las abejas débiles (no resistentes) a la enfermedad , como si fuese una selección al revés. Uno de los problemas principales derivado del uso indiscriminado de antibióticos es el desarrollo de resistencias antibióticas, un fenómeno preocupante tanto en medicina humana como en la veterinaria, por el cual una bacteria resulta resistente a la actividad de un fármaco antibiótico. El abuso y uso inadecuado e innecesario de estos fármacos contribuye al desarrollo de bacterias resistentes. Las abejas tratadas con antibióticos durante su actividad de polinización, pueden ser también vectores de resistencias antibióticas debido a que cada abeja cotidianamente entra en contacto con miles de flores llevando a cabo hasta 3.000 viajes, es por eso que dejar circular abejas tratadas con antibióticos representa un riesgo real para la salud colectiva. La Organización Mundial de la Salud recomienda que se haga un uso de antibióticos limitado y responsable, sobre todo cuando existen otras alternativas, además informa que su uso a bajas dosis y por largos períodos de tiempo constituye una condición favorable para el desarrollo de resistencia antibiótica. La Unión Europea prohíbe en apicultura el uso de antibióticos a título preventivo y para el tratamiento de patologías, situación diferente la encontramos en los países extra europeos grandes exportadores de miel como Argentina, China y USA, donde se admiten tratamientos antibióticos preventivos y prolongados y a eso deriva la presencia de residuos farmacológicos en la miel y en los otros productos de la colmena.

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