Colmenas silvestres vs colmenas comerciales

En las últimas décadas, los apicultores de todo el mundo se han enfrentado a numerosos desafíos para mantener la sanidad en las colmenas.

Las tasas anuales de mortalidad de más del 20% de las colonias se consideran ahora típicas, con algunos apicultores informando pérdidas anuales de hasta más del 50 % en diferentes partes del mundo.

Una variedad de factores han contribuido a la elevada tasa de mortalidad de las colonias, pero quizás la más significativa es la introducción de Asia del ácaro Varroa, que actúa como un vector eficaz de los virus de las abejas melíferas.

La tasa de pérdida de colonias en Europa y América del Norte prácticamente se triplicó después de la llegada de Varroa en los años 70 y 80. Estos ácaros han introducido una nueva vía de transmisión viral que ha alterado el paisaje viral y causó una pérdida masiva de la diversidad en el virus del ala deformada, el patógeno que está relacionado con la desaparición de las colonias de abejas de miel. Sin tratamientos para Varroa, las colonias de abejas melíferas administradas casi siempre mueren dentro de dos o tres años.

A pesar de que las infestaciones de Varroa producen la muerte de las colonias de abejas administradas por los apicultores a menos que se les den tratamientos de control de ácaros, varios investigadores han informado de poblaciones de colonias de abejas europeas que han persistido sin tratamientos de control de ácaros, Con Varroa. En todas estas poblaciones, las presiones selectivas por los ácaros y los virus han producido probablemente cambios genéticos en las abejas que les dan resistencia intrínseca a estos parásitos y patógenos. Por ejemplo, la población de colonias silvestres en el Bosque Arnot en Estados Unidos experimentó una mortalidad masiva de colonias entre 1977 y 2010, y cientos de los genes nucleares en esta población muestran fuertes signos de selección. Sin embargo, también puede haber factores ambientales que están haciendo posible que las colonias salvajes sobrevivan a las infestaciones de ácaros sin tratamientos, cuando las colonias administradas no pueden. Se planteó la hipótesis de que las cavidades de nido relativamente pequeñas de las colonias silvestres podría explicar parcialmente su mayor capacidad para sobrevivir a las infestaciones de Varroa sin tratamientos.

Para probar la hipótesis de que las pequeñas cavidades del nido contribuyen a la capacidad de las colonias silvestres para persistir sin los tratamientos de Varroa, se realizó un experimento que comparó dos grupos de colonias. En un grupo, las colonias vivían en pequeñas colmenas y se dejaron solas. Éstas eran las “colonias de colmenas pequeñas”, que simulaban colonias silvestres de abejas melíferas. En el otro grupo, las colonias vivían en grandes colmenas y se manejaban de manera que reducían su enjambre y maximizaban su producción de miel.

 

Conclusiones

Las colonias en los dos grupos de tratamiento tuvieron aproximadamente el mismo número medio de ácaros por 100 abejas en Julio de 2012. Sin embargo, en Mayo y Junio de 2013, el número promedio de ácaros por 100 abejas comenzó a aumentar en las colonias de colmenas grandes en relación con las colonias de colmenas pequeñas. En este punto, las tasas de infestación de ácaros aumentaron rápidamente en las colonias de colmenas grandes, de modo que sus valores medios fueron significativamente más altos que los de las colonias de colmenas pequeñas de Julio a Octubre.

El primer signo de enfermedad en las 24 colonias de estudio llegó a mediados de agosto de 2013, cuando una abeja con alas severamente deformadas fue detectada en una colonia de colmenas grandes. A mediados de septiembre de 2013, esta colonia había perdido a su reina y se había derrumbado; Su colmena estaba casi vacía de abejas. En este momento, también encontramos otras tres colonias de colmenas grandes que contenían abejas con alas arrugadas, sintomáticas de altos niveles del virus del ala deformado (DWV). A mediados de octubre, tres colonias de colmenas más grandes contenían abejas con alas arrugadas, por lo que 7 de las 12 colonias en este grupo mostraban síntomas de altos niveles de DWV. No se observaron síntomas de DWV en las colonias de colmenas pequeñas a lo largo de este estudio, por lo que las colonias de colmenas grandes mostraron una incidencia significativamente mayor de esta enfermedad (7 de 12) que las colonias de colmenas pequeñas.

En cuanto a la mortalidad, una colonia de colmenas grandes colapsó y murió en Septiembre de 2013. Una colonia de colmenas también murió en Septiembre de 2013, pero no de la enfermedad. Su reina empezó a poner sólo huevos no fertilizado. Nueve colonias de colmenas más grandes murieron entre Octubre de 2013 y Abril de 2014, al igual que otras tres colonias de colmenas pequeñas. Así, las colonias de colmenas grandes experimentaron una mortalidad significativamente mayor (10 de 12) que las colonias de colmenas pequeñas (4 de 12).

Los resultados de este estudio apoyan la hipótesis de que la persistencia de las colonias silvestres es ayudada por sus hábitos de anidación en pequeñas cavidades y enjambre con frecuencia. Al final del segundo verano del estudio, las colonias que vivían en colmenas pequeñas tenían una tasa de infestación media de Varroa de abejas adultas que sólo era aproximadamente un tercio de la encontrada en las colonias que vivían en colmenas grandes.

Además, aunque ninguna de las colonias de colmenas pequeñas mostró signos de enfermedad, siete de las 12 colonias de colmenas grandes mostraron síntomas de alta infección con el virus del ala deformado (DWV), que está estrechamente asociado con una alta infestación de Varroa.

Además, las siete colonias con síntomas de altas infecciones de DWV murieron en abril de 2014. Parece claro que las colonias que vivían en las grandes colmenas eran más susceptibles a Varroa que las colonias que vivían en las colmenas pequeñas.

Por Denis Anderson.

 

3 Comentarios están listos

  1. Buenas, he tenido algun fracaso con colmenas Perone grandes y actualmente experimento con Warré y Kenianas. Que parecen guardar mejor relación con el espacio ajustado a la dimensión de la colonia.

  2. No voy a negar que las abejas se defiendan mejor de la varroa en “colmenas” pequeñas, pues no tengo ningún dato a favor o en contra.
    Pero me hago una pregunta ¿si hay algún enjambre que sobrevive a la varroa, por que no ha trasmitido sus genes a sus descendientes, con lo cual estos habrían repoblado de nuevo el campo con enjambres silvestres como sucedía hace 40 años? . Puesto que la gran mayoría de colmenas salvajes mueren, habría mucho habitad disponible para estas “colmenas resistentes a la varroa” se desarrollen de la mejor manera posible.
    En el mundo hay 50.000.000 de colmenas que enjambran cada 2-3 años y muchos de esos enjambres se pierden. Creo que si un pequeño porcentaje fuera resistente, en los 40 años que lleva la varroa el nº de sus descendientes seria enormes.
    Y no es así

    • ¿Será cuestión genética o será que al tener un espacio más pequeño manejan mejor la temperatura del nido? Al respecto parece que es importante también el hecho de que las abejas estiren naturalmente la cera, por el tamaño de la celda, ya que aumenta la temparatura del nido por mayor densidad de cría debido a que hacen celdas más pequeñas; entonces la varroa se desplazaría a la periferia.