Consejos para evitar enfermedades en las abejas

Todos los seres vivos tienen capacidad para protegerse por si solos de las enfermedades pero la colonia de abejas en especial ha demostrado gran capacidad para sortear la mayoría de los obstáculos sanitarios que se le presentan en la naturaleza.
El apicultor debe comprender los procesos fisiológicos, que hacen al equilibrio de la colonia como un organismo viviente con temperatura y humedad estables, con capacidad de curar las heridas que se producen en su interior, con capacidad para rechazar o adaptarse a los patógenos y parásitos que asechan para compartir el hábitat.
El apicultor debe comprender que una “colonia de abejas” después de millones de años de permanencia o subsistencia en la naturaleza es un individuo capaz de sortear solo la mayor parte de los obstáculos que el medio ambiente, incluido su principal depredador, (el hombre) les depara, pero algunas condiciones ambientales adversas que causen un estrés nutricional o la influencia del hombre aplicando inadecuados manejos o intoxicándolas y debilitándolas con una variada gama de fármacos o por el efecto de agroquímicos aportados por los agricultores pueden alterar esa capacidad adquirida por millones de años de existencia de la colonia de abejas y poner en peligro el sistema inmunológico de defensa, dejándolas expuestas a contraer enfermedades, señala un informe de Orlando Valega de Apícola Don Guillermo que El Apicultor presenta en versión periodística.

Factores predisponentes a las enfermedades

La disminución de los ambientes naturales; los monocultivos; cultivos de especies no atractivas para la abeja; el incremento en el número de colmenas en los apiarios por encima de la capacidad floral del lugar son causantes de disminución de la aptitud de los ambientes para la apicultura.
Además las intensas sequías y otras adversidades climáticas producen una disminución de los nutrientes y elementos vitales para la colonia de abejas que si no es detectado a tiempo puede producir un estrés nutricional.
1- Falta de néctar: Cuando la abeja sufre hambre en forma prolongada muere arracimada con la cabeza dentro de las celdillas de los panales. Hasta llegar a esa situación, el organismo de las abejas ha intentado producir energía calorífica de cualquier manera: primero, quemando sus reservas de grasa, que almacenaba en las células vacías de la espalda (al nivel del 2º anillo abdominal), y cuando estas escasean, quemando proteínas de los músculos, de los tejidos (intestino…). Se puede decir que el cuerpo se come a sí mismo. Esto provoca una disminución del peso corporal, que puede llegar a un 50 por ciento de su valor normal. Este estado nutricional deja muy desprotegida a la abeja susceptible a contraer cualquier enfermedad.
2- Falta de polen: La falta de polen, también provoca en el organismo de las abejas “hambre de proteínas”, que tratan de solucionar extrayendo proteínas de donde las haya, fundamentalmente del músculo y los intestinos. Esta situación puede provocar daños celulares en estos tejidos, con la consiguiente disminución del peso corporal, y la posible observación de tejidos dañados (como el digestivo) que deja de producir jugos digestivos y queda con daños que pueden confundirse con lesiones de parasitósis por Nosema.
3- Falta de agua: Otro elemento imprescindible para la supervivencia, a parte de los nutrientes, es el agua. Los 2/3 de la mayor parte de los organismos vivos son agua (en algunos más). El agua interviene en las reacciones químicas que mantienen la vida, como disolvente y también como refrigerante. En todas las reacciones se produce calor, y si este no es eliminado, la temperatura corporal iría subiendo poco a poco hasta “freír” a las abejas por dentro. Las proteínas se coagulan por encima de los 45 grados y pierden sus funciones.

Manejos inadecuados

Pocas reservas de miel y polen: Hay que dejar como mínimo una medio alza con miel después de la cosecha de otoño para reserva de las abejas en invierno.
Cuando las abejas tienen suficientes reservas mantienen un comportamiento relajado y no trabajan tanto en invierno, pero si dejamos a la colmena desprovista de reservas ante la aparición de los primeros calores salen desesperadas a buscar alimentos, y si pueden, a robarle a otra colmena su reserva.
Este exceso de trabajo disminuye su longevidad.
Además, las colmenas que no tienen reservas de alimento en cualquier época del año, son mucho más pilladoras que si tienen panales con miel operculada en una cámara melaria y el pillaje transmite enfermedades.
Aportes de jarabes en lugar de miel: Este tiene una serie de contraindicaciones que se presentan a continuación.
I) Incrementan la humedad interior de la colmena (Lo que favorece la proliferación de enfermedades)
II) Si se prolongan los habituales veranitos invernales, en especial en las abejas Africanas, al proveer de jarabe por mas que este fuera espeso se puede provocar la ovoposisión de la reina lo que provoca grandes desequilibrios en la colonia (Disminuye la población de abejas longevas y en reemplazo nacen abejas desnutridas de corta vida e incapaces de alimentar a las nuevas generaciones de abejas primaverales)
III) Si las colonias estuvieran sometidas a varios días de encierro por lluvias o mucho frío, se produce un exceso de humedad agravado por las heces de las abejas, que al no poder evacuar fuera lo hacen sobre los panales incrementando la humedad y dejando una masa contaminante.
IV) El pillaje provocado con el jarabeo además de mermar la población de abejas, puede transmitir enfermedades de colonias vecinas enfermas.
Suministrar alimentación estimulante demasiado temprano en primavera: El estímulo temprano y prematuro de la postura de la reina incrementa rápidamente la cantidad de cría y con ello la necesidad de alimentarlas, primero con jalea segregada por las glándulas hipo-faríngeas de las abejas longevas (nodrizas) y luego por el aporte de polen recolectado de las flores. Tanto una como otra situación requiere de un gran esfuerzo y desgaste de las longevas, más teniendo en cuenta que hay un incremento fuera de lo normal de las crías y con ello de la demanda de alimento. Esta situación a veces se ve acompañada de días fríos o lluviosos que agrava más la cosa. El resultado es que disminuye drásticamente la población de longevas (ofician de nodrizas) mientras se incrementa la población de crías. Este desequilibrio entre la cantidad de nodrizas y crías favorece en gran medida la aparición de enfermedades.
Contaminación de la cera: La cera es como una esponja, absorbe los antibióticos, acaricidas, fungicidas. En la colonia de abejas habitan unos microorganismos que conviven en un estado de mutualismo con la abeja protegiéndola de las enfermedades. Las altas dosis de fármacos absorbidas por la cera dentro de la colonia y en la cera estampada que es comprada a los estampadores además de los efectos tóxicos directos sobre la abeja, provoca la muerte de estos pequeños organismos mutuales, quitándole a la colmena una parte importante de su sistema de defensa La cera absorbe los productos químicos y no los devuelve, pasa una y otra vez a la cera estampada contaminando todas las colmenas, aún de aquellos que no usaron jamás productos de síntesis en sus colmenas.
Excesivas y continuas revisiones de la cámara de cría: El solo hecho de ahumar la colmena hace que las abejas abandonen la habitual rutina y se precipiten a cargar el buche de miel. Si además de revisar se nos ocurre retirar algunos cuadros o cambiarlos de lugar el desorden es mayor, ordenarlo y adaptarse a la nueva disposición llevará de unos días a la colonia. Pero tuvimos que volver a abrir la colmena para alimentar, curar, desbloquear.
Tanto manoseo hace que continuamente las abejas estén dedicadas a reparar los daños causados por la intervención del apicultor, que cree que está ayudando a la colonia y en realidad le está trayendo un trabajo extra y preocupación al tener que reordenar y reestructurar continuamente su nido. Es lógico que este esfuerzo continuo le produzca estrés. El mayor esfuerzo hace bajar las proteínas corporales, la longevidad y la vitalidad de la colonia. Además cada vez que las abejas tienen que abandonar sus tareas habituales descuidan la defensa de la colonia del ataque de depredadores, parásitos, bacterias, hongos, virus. Hay que molestar lo menos posible a las colmenas.
Traslado de colmenas en épocas muy frías: Si tiene cría se puede enfriar porque las abejas se desorganizan y abandonan los roles habituales para prepararse a defenderse o huir. Si no tiene cría y se enfría la abeja esta se debilita y queda expuesta a contraer enfermedades.
Además un mal manejo del traslado puede incrementar la humedad interior del nido y de heces sobre los panales.

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