El glifosato le declaró la guerra a la apicultura

El aumento de éste fitosanitario amenaza con darle el golpe de gracia a la actividad. Plantean políticas a largo plazo y no pueden resolver los problemas a corto.

El aumento de la utilización de glifosato en los campos de nuestro país repercute indudablemente en las mieles y en consecuencia crece la preocupación entre los propios apicultores.
Todos los años aumenta sustancialmente el uso de este fitosanitario perjudicando notablemente a la apicultura.
Un dato que realmente alarma y que no se debe omitir es que las mieles claras, que eran muy buscadas hace apenas un par de años atrás, hoy directamente son omitidas por los compradores internacionales, que se inclinan casi en exclusividad por la miel de monte o de isla.
El único que sigue tomando esa miel es Estados Unidos, que al ser el único comprador “firme” la termina pagando mucho menos en relación al valor real de mercado.
Según pudo averiguar nuestro medio, actualmente habría empresas exportadoras de nuestro país que tienen tambores hasta afuera de los galpones que no pueden ser comercializados precisamente por las cuestiones antes descriptas. Al respecto, los trascendidos indican que estos empresarios compran miel de monte para mezclar y en consecuencia bajar el porcentaje del glifosato para poder sacar estos tambores, que en caso contrario prácticamente quedarían de “clavo”.
Otro dato importante es que no se quiere establecer una diferenciación muy marcada en cuanto a los precios que se manejan en cuanto a la miel de monte e isla, porque sino todos los apicultores moverían las colmenas hacia estas zonas y en consecuencia habría una sobrepoblación de colmenas que lo único que haría es perjudicar al propio apicultor.
Sin dudarlo, los apicultores consultados por nuestro medio fueron tajantes y le apuntaron a los gobernantes de turno, que además de minimizar el problema diciendo que la situación no sería tan grave como los apicultores postulan, resaltan que si aumentan las exigencia hacia aquellos agricultores que utilizan glifosato directamente se quedarán sin terrenos donde colocar los apiarios.
Hoy la miel que se está comprando se paga alrededor de 45 pesos el kilo, aunque al momento de concretar la transacción siempre se busca algún pretexto o se encuentra algún problema para tratar de bajar el precio, y además vale resaltar que los plazos de pago se extienden en algunos casos hasta los 45 días, con el agregado que están exigiendo análisis de glifosato, el cual cuesta 90 dólares.
En esta misma sintonía, y según trascendidos, habría contenedores de miel con glifosato en Francia que estarían apunto de ser destruidos.

“Están diluyendo los problema”

El Anuncio del Plan Estratégico Apícola (PEA) 2030, lo único que hace, según la palabra de los propios apicultores, es diluir y evitar los problemas actuales y que realmente son la base de la apicultura en la actualidad.
“Si seguimos a éste ritmo de acá a diez años no quedaran directamente apicultores, entonces no entiendo como pueden proyectar algo a largo plazo si no pueden resolver los inmediatos”, aseguró un reconocido apicultor de la provincia de Buenos Aires.
Por otra parte, los propios productores remarcaron que el tema trazabilidad va a explotar durante la próxima cosecha, cuando los apicultores salgan a vender en sus tambores con códigos de barra y aparezcan aquellos que empiecen a comprar en negro y se armen tres o cuatro salas de extracción para blanquear toda esta producción.
Hoy aquellos que compran en negro le descuentan tres pesos por kilo al apicultor, pero el año próximo podrían descontarle otros tres más por el RENAPA y la sala de extracción y entonces la rentabilidad directamente será nula como para mantenerse en actividad.
Otro punto que los apicultores no tuvieron en cuenta es que comenzarán a pagar ganancias y en consecuencia ese es otro aspecto que disminuirá los beneficios de la actividad.

Pensando en lo que viene

Los campos en diferentes latitudes de nuestro país muestran apiarios abandonados, porque los apicultores consiguen otro trabajo y directamente dejan de atender las colmenas, las cuales se van muriendo paulatinamente.
Sin dudarlo los propios productores remarcaron que con el aumento constante del combustible y los precios que se manejan por el kilo de miel, para que la apicultura sea rentable hay que dormir al lado de las colmenas y reducir al mínimo posible los traslados. “El 90 % de los que seguimos confiando lo hacemos por el amor que tenemos por las abejas, porque seguramente si sacamos números nos daremos cuenta de que no es para nada rentable”, sentenció un apicultor experimentado del norte bonaerense, sintetizando sin dudas el pensar y el sentir de la mayoría de sus colegas.

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