España avanza en cuestiones de etiquetado

Se presentó un proyecto donde se exige colocar varios datos que permitirán tener una idea mucho más certera de la miel que se está consumiendo.
Según información oficial, la nueva norma de calidad de la miel que ultima el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) de España exigirá que las etiquetas de los envases de este producto indiquen el país o países de procedencia y el porcentaje del contenido que corresponde a cada uno de ellos y si ha sido tratada con calor, un avance indudablemente en materia de etiquetado que además le aportará un manto mayor de transparencia a un asunto sumamente cuestionado desde hace ya varios años.
En un comunicado, el ministerio ha explicado que la nueva normativa quiere “aportar una mayor transparencia en la información que se ofrece a los ciudadanos sobre el origen de este producto” para atender “a una demanda de consumidores, sector apícola y distintas administraciones públicas que solicitan mayor claridad sobre el origen de la miel”.
Hasta la actualidad, la normativa europea solo obliga a los fabricantes a indicar si la miel procede o no de la Unión Europea, o sí contiene una mezcla de mieles europeas y no europeas, lo que da pie a etiquetar como “mezcla de mieles” un producto que solo tenga un 1% de miel comunitaria.
El Gobierno quiere recoger con esta normativa el testigo de un informe del Parlamento Europeo, publicado hace justo un año, en el que se alertaba de que el 20 % de la miel que llega fuera de las fronteras comunitarias no cumple con los niveles exigidos.

La miel importada es de media 2,3 veces más barata que la que se produce dentro de la Unión.
La miel, asegura el informe, es el tercer alimento más adulterado del mundo. Un fraude que afecta especialmente a España que es, junto a Rumania y Hungría, el mayor productor de miel a nivel europeo.
Como constaba este informe, la Unión importa aproximadamente el 40 % de la miel que utiliza al año, adquiriendo principalmente miel de procedencia asiática.
“Ahora mismo no hay trazabilidad ninguna”. “Te llevas un producto a tu casa que solo sabes que es del planeta Tierra. Nosotros no estamos en contra de que se coma una u otra miel, pero queremos que los consumidores sepan si están comprando una miel que lleva un 70 % de miel china, 20 % de Nigeria y solo un 10 % de miel española. Es comestible, pero ¿qué carga social tiene esa miel?”, afirmaron los especialistas en el tema.
Una medida para evitar el fraude
El nuevo reglamento obligará además a incluir la mención “miel tratada con calor” en aquellas mieles que hayan sido sometidas a “un tratamiento térmico superior a los 45 grados centígrados”. Así mismo dará la oportunidad de emplear en la etiqueta del envase la mención voluntaria “obtenidas en frío” en el caso de aquellas mieles que “no han sido sometidas a un tratamiento térmico en ninguna de las fases de obtención o preparación”, que es el procedimiento que, aseguran, emplean la mayor parte de los apicultores españoles.
A diferencia de lo que ocurre con otros productos, la pasteurización de la miel no es estrictamente necesaria. Como explica la experta en seguridad alimentaria Beatriz Robles, la miel es un producto compuesto en su gran mayoría por azúcares y, por tanto, tiene una actividad de agua muy baja. “Si hay poca actividad de agua los microorganismos no se desarrollan bien, por lo tanto es un producto bastante seguro”. La pasterización disminuye la riqueza aromática de la miel y permite camuflar su adulteración con otros azúcares
En la miel no pueden crecer bacterias, pero la pasteurización evita además la aparición de hongos, mohos o levaduras que, llegado el caso, también podrían formar micotoxinas. Pero, pese a que la pasteurización añade un plus de seguridad (y alarga la vida útil de un producto que ya de por sí aguanta años en buen estado), su principal objetivo en el caso de la miel es destruir las estructuras que favorecen su cristalización, permitiendo que ésta permanezca líquida durante más tiempo, una característica apreciada por los consumidores.
Muchos apicultores españoles denuncian, no obstante, que la pasteurización disminuye la riqueza aromática de la miel y, además, permite su adulteración con otros azúcares, como azúcar de caña o de maíz. Esto facilita un fraude que, según denuncian los apicultores y reconoce la Unión Europea, está muy extendido.

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