Exigen la prohibición total de los neonicotinoides

 

Ochenta organizaciones europeas se unieron para exigir a la Unión Europea que prohíba total y de manera urgente tres insecticidas neonicotinoides altamente tóxicos para las abejas: imidacloprid, clotianidina y tiametoxam.
La iniciativa fue denominada Coalición Salvar a las Abejas, y está formada por asociaciones de apicultura, organizaciones ecologistas, agrícolas y científicas de la mayor parte de la Unión Europea.
En diciembre de 2013, la Comisión Europea restringió el uso de estos insecticidas. Cuatro años después de la prohibición parcial de estas sustancias, nuevos descubrimientos científicos confirman que estas restricciones no son suficientes.
La propuesta de la Comisión surge de las conclusiones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA,), que aseguró que el uso de neonicotinoides supone un riesgo para las abejas en todos los cultivos al aire libre, no solo en aquellos que son atractivos para estos insectos. Varios estudios recientes también han mostrado que, en ocasiones, el agua y las flores silvestres contienen neonicotinoides, lo que puede suponer una amenaza para varias especies y para el medio ambiente en general.

Evidencias científicas

En noviembre de 2016, la EFSA confirmó que estos neonicotinoides son altamente tóxicos para las abejas, los abejorros y las abejas solitarias, aunque señaló que aún existen lagunas en los datos que impiden una evaluación de riesgos adecuada, en particular para las abejas silvestres. La EFSA también advirtió que las abejas podrían estar expuestas a los neonicotinoides no solo en los cultivos, ya que estos insecticidas se diseminan rápidamente en el medio ambiente, contaminando también las flores silvestres.
Recientemente, se demostró que en un periodo de 27 años se ha dado una disminución drástica del 75 % de la biomasa de insectos en las áreas naturales de Alemania.
La Coalición pedirá a todos los estados miembros de la UE que voten a favor de una prohibición total de los neonicotinoides, incluido su uso en invernaderos, ya que la evidencia muestra que los invernaderos no son sistemas cerrados y no impiden fugas y la contaminación ambiental.