La diferenciación, un camino para salir de la crisis

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Más allá de las dificultades propias de la actividad vinculadas al incremento de los insumos, vaivenes climáticos o algún brote de enfermedades, uno de los principales problemas para la apicultura por estos días, según especialistas en el tema, es que el 99 % de las exportaciones de miel se realizan a granel, es decir sin valor agregado.  La producción se vende a un puñado de exportadores, que luego la mandan principalmente a Estados Unidos y a la Comunidad Europea.
La miel de nuestro país siempre fue considerada una de las mejores del mundo, ya que el clima y las praderas asociadas a la ganadería dan una miel clara que es muy requerida, esto sumado al profesionalismo de nuestros apicultores, que heredaron el oficio de los inmigrantes españoles e italianos, que junto con los franceses, en Europa son los mejores apicultores. Se habla que en Argentina hay unos 20.000 productores dispersos en casi todo el territorio, pero con una mayor presencia en las provincias centrales de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, pero esos números están lejos de los registros oficiales.
Sin embargo, las abejas disminuyen su productividad, o incluso mueren, cuando los monocultivos resistentes y los plaguicidas reemplazan a la alfalfa, el trébol y el cardo, la típica flora que aporta el néctar en las praderas ganaderas. Pero al principio, la menor producción era compensada por los altos precios. Hubo momentos en que la miel argentina alcanzó los 4.600 dólares por tonelada. No había oferta y los envasadores se volvían locos. Pero ahora no importa la cosecha de miel para determinar el precio, porque se regula con un jarabe chino, y el valor no pasa de los 2.400 dólares.
En el último tiempo el jarabe de arroz irrumpió con volúmenes gigantes, permitiendo cortar las mieles de calidad y eso obviamente aumenta la ganancia de los compradores internacionales.
Frente a esto es fundamental lograr revalorizar el producto, tal como ocurre en Nueva Zelanda con la miel de manuka, la cual se demostró que tiene propiedades curativas y es altamente codiciada en todo el mundo, logrando valores muy significativos. Con un 12% del volumen que exporta Argentina, sus ventas superan en valor de nuestro país, lo cual refleja claramente lo mencionado. En 2016 exportó a un precio promedio de 21.400 dólares la tonelada, más de 10 veces el promedio argentino. Incluso el mismo Brasil, con 24.200 toneladas exportadas en 2016, ha logrado posicionarse como un productor de miel orgánica y ese año obtuvo en promedio 3.800 dólares por tonelada.
Además del tipo de miel de flores de las praderas, Argentina tiene la miel de flor de azahar de limón en Tucumán, la de abrepuño (Centaurea solstitialis) en la Patagonia, la de los Esteros del Iberá en la provincia de Corrientes y una larga lista. Pero todas acaban mezcladas en los tambores, que se exportan sin distinción de origen geográfico o botánico, mandadas todas juntas y sin aprovechar las propiedades que poseen para lograr una mayor rentabilidad.

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