La importancia de los probióticos en la apicultura

 

En las abejas melíferas, la nutrición juega un papel fundamental en el desarrollo, mantenimiento y establecimiento de las colonias, particularmente en la determinación de las castas y en la plasticidad del comportamiento social, y es también uno de los pilares en las barreras inmunológicas de las abejas ante el ataque de enfermedades. La infección por microsporidios se relaciona con una elevada mortandad de colonias, en particular si éstas se encuentran en un estado de mala nutrición. Las abejas infectadas sufren cambios fisiológicos y conductuales que alteran la división de labores que realizan las abejas dentro y fuera del nido, hasta el punto de perder su capacidad de respuesta ante las demandas de higiene, alimentación y demás cuidados que requiere la colonia (Goblirsch et al., 2013), situación que conduce a la disminución de la población y colapso de la misma.
Diversos estudios han registrado una alta correlación entre el grado de infección por Nosema y el grado de estrés nutricional en las abejas, denotando que, la severidad del ataque de un patógeno depende frecuentemente de los compuestos presentes en la dieta.
Los metabolitos secundarios de las plantas, que frecuentemente están presentes en el néctar y polen, pueden influenciar significativamente el resultado de las interacciones entre los insectos y los patógenos que se alojan en ellos.
Por otro lado, cuando la dieta de las abejas está contaminada con insecticidas como el Imidacloprid, de amplio uso en la agricultura, entonces el efecto puede ser adverso, incrementando la intensidad de la infección. En un experimento realizado en Avignon, Francia, encontraron que en colonias cercanas a monocultivos de donde las abejas colectaban su alimento y en donde el uso de insecticidas sistémicos era frecuente, el ataque de NosemaCeranae se incrementó considerablemente, así como la mortalidad en las abejas.

La importancia de la nutrición
Una nutrición apropiada es esencial para que las abejas puedan sobrevivir y enfrentar los diversos factores que vulneran sus barreras de protección; en particular, el contenido proteico es un componente clave para las abejas, ya que la formación de aminoácidos, indispensables para el sistema inmune, depende de la cantidad de proteínas incluidas en su dieta. Los carbohidratos por su parte, son excelentes proveedores de energía por la cantidad de átomos de carbono que contienen y los productos resultantes de su metabolismo sirven para energizar la respiración celular de las abejas. Las abejas tienen una dieta altamente especializada, alimentándose casi exclusivamente del néctar y el polen de las plantas, los cuales proporcionan los carbohidratos y las proteínas necesarias para la locomoción, vuelos de forrajeo, cuidado y alimentación de las crías, termorregulación y sobre todo, para la respuesta inmune oportuna o inmunocompetencia.
Después de ser recolectados, el néctar y polen son transformados bioquímicamente antes de ser consumidos.
Como primer paso, el néctar es almacenado en el buche de la abeja y es adicionado con enzimas provenientes de las glándulas salivares e hipofaríngeas, para facilitar la ruptura de los disacáridos. Sin embargo, las abejas reciben una ayuda en esta tarea, pues ellas abrigan en sus partes bucales microorganismos que también son adicionados al néctar y quienes, a su vez, adicionan sus enzimas al néctar y aceleran la transformación del alimento.
En la colmena, el néctar-miel es traspasado de abeja a abeja y deshidratado en pequeñas cantidades hasta que es convertido completamente en miel, y queda listo para posteriormente ser utilizada por las abejas obreras como alimento de las larvas y la reina. Este alimento queda adicionado no solo con los metabolitos y demás compuestos provenientes de la planta, sino también con los compuestos derivados de los microorganismos. Al igual que el néctar, el polen es transformado químicamente por la adición de saliva, néctar y microorganismos simbióticos y queda convertido por acción microbiana en un nuevo alimento denominado pan de abejas, el cual es un alimento con un elevado contenido de proteínas, lípidos y vitaminas, que es proporcionado a las abejas durante los primeros cinco días después de emerger de las celdas larvarias, etapa en la cual es necesario un mayor aporte proteico en la dieta para el adecuado desarrollo y funcionamiento de las glándulas mandibulares e hipofaríngeas que producen la jalea real.
La forma en que las abejas procesan el néctar y el polen, adicionándoles no solo secreciones glandulares, sino microorganismos que ellas mismas abrigan, denota la dependencia alimentaria que han establecido con estos simbiontes y es en la actualidad, un aspecto promisorio para dar solución a los problemas de salud asociados a la mala nutrición de las abejas y que predispone a las colonias ante el Síndrome de Despoblamiento. La presencia de microorganismos asociados al néctar, miel, polen y pan de abejas, es un hecho reconocido desde hace más de un siglo. Bacterias y levaduras han sido observadas como elementos frecuentes del néctar y asociadas en una simbiosis alimentaria con diversas especies de abejas, tanto solitarias como sociales, nativas o introducidas.
La dependencia alimentaria de las abejas con la microbiota asociada, es un tópico que recientemente ha adquirido interés en la comunidad internacional, debido al impacto que pueden tener en la nutrición y fortalecimiento del sistema inmune. Es necesario reconocer que los microorganismos son parte de la dieta de las abejas y su uso dentro de las actividades apícolas es una ventana de oportunidad en la investigación de la salud de las colmenas.
Un punto importante es que, debido a la estructura organizacional de la colonia, la transmisión de enfermedades es rápida, especialmente a través del alimento contaminado o a través de las obreras nodrizas que alimentan a las crías, por esta razón es conveniente enfocar las estrategias de sanidad en el suministro de productos a través del alimento.
La evidencia sugiere que la inclusión de probióticos en la dieta de las abejas puede ser un paso importante para mantener a las colonias saludables y con buena capacidad de inmunocompetencia.
Se utilizan bacterias de los grupos Lactobacillus y Bifidobacterium que han aislados de los buches de abejas melíferas; su efecto fisiológico dispara respuestas humorales que crean una barrera inmunológica en el intestino, además, sirven como fuente de vitaminas, proteínas y otros componentes esenciales en la dieta.
En función de la problemática de la apicultura actual, es necesario desarrollar investigación básica que impulse de forma factible nuevas estrategias para la alimentación y sanidad de las colonias de abejas, encaminadas al tratamiento de las patologías y que, al mismo tiempo, contribuya a entender los procesos por los cuales ocurre el CCD y ayude a contrarrestarlo o prevenirlo.
Adicionalmente, enfermedades, principalmente las causadas por virus y microsporidios, que eran de poca importancia, incrementaron su frecuencia en correlación directa con el grado de infestación de las colonias. Este es el caso de la Nosemosis, la cual ha mostrado una estrecha relación con la Varrosis en colonias de abeja melífera.
En este sentido, el uso de aceites esenciales de especies nativas y de microorganismos a manera de probióticos resulta ventajoso e innovador ya que, permitiría un control sanitario por el cual el mercado apícola no se vea afectado. Los aceites son inocuos, desinfectantes, con resultados
prometedores en la disminución la Varroosis y la Nosemosis, no requieren límites máximos residuales en la miel y cera y tienen la ventaja de no permitir el desarrollo de resistencia de los ácaros. Por otro lado, los microorganismos asociados a las abejas son una alternativa prometedora y factible para suministrar una adecuada nutrición a las abejas, con un efecto directo en el fortalecimiento del sistema inmune a nivel individual y social en abejas melliferas. Al igual que los aceites, las levaduras simbióticas son inocuas, seguras y pueden ser incluso consideradas como un distintivo que le da valor agregado a los productos de las abejas.
El conjunto de indicios, sugieren que el estado de salud y sistema inmune de las abejas, a nivel individual y social, dependen de la nutrición que reciben desde sus primeras etapas de crecimiento, y que los aceites esenciales y las levaduras asociadas a las abejas pueden ser incorporados como componentes alimenticios que promueven la salud y confieren a las abejas una mayor capacidad de respuesta inmune ante el ataque de patógenos.

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